Se utiliza para tratar el cáncer localizado y mediante este método se destruyen o se dañan las células cancerosas para que no puedan reproducirse.

Esta se administra con rayos externos de alta energía o mediante implantes internos. La radioterapia externa no es dolorosa y es muy similar a la toma de una radiografía con rayos X. El paciente no necesita ser internado y el tratamiento se administra unos 5 días a la semana durante 5 u 8 semanas, lo cual depende del tamaño, ubicación y el tipo de cáncer.

Bajo ciertas circunstancias, se puede administrar a través de implantes, los cuales son pequeños recipientes que se colocan en o cerca del tumor mientras el paciente está bajo anestesia general o local. Mediante este método, el paciente puede recibir una dosis total más alta de radiación en un área más pequeña .

Algunos implantes pueden colocarse por un médico en una clínica para pacientes ambulatorios, mientras que otros podrían requerir que la persona permanezca en el hospital durante unos cuantos días.

Los implantes generalmente no causan dolor intenso, pero podrían ocasionar algunas molestias si se fijan en su lugar con la ayuda de un aplicador. Una vez que se retira el implante, la radiactividad desaparece del cuerpo.