El tratamiento contra el cáncer es más eficaz cuando la enfermedad se detecta tan pronto como sea posible. Detectar el cáncer temprano por lo general implica que éste puede tratarse mientras se mantiene pequeño y cuando es menos probable a que se haya propagado hacia otras partes del cuerpo. A menudo, esto significa que existe una mejor probabilidad de cura, especialmente si el tratamiento inicial consiste en una cirugía.

Un buen ejemplo de la importancia de detectar el cáncer temprano es el melanoma (cáncer de la piel). Este cáncer se extirpa fácilmente si al momento de encontrarlo no ha crecido profundamente en la piel. La tasa de supervivencia a 5 años (porcentaje de las personas que viven por lo menos 5 años después del diagnóstico) en esta etapa es casi 100%. Sin embargo, una vez que el melanoma se ha propagado a otras partes del cuerpo, la tasa de supervivencia baja drásticamente.

A veces, la gente deja pasar por alto los síntomas ya sea por que no saben reconocerlos como algo importante o por que tienen temor a lo que puedan significar y no desean buscar atención médica. Los síntomas generales, tales como el cansancio, son más propensos a tener otra causa que no sea el cáncer, por lo que suelen ser vistos con poca importancia, especialmente si tienen una causa obvia o son síntomas temporales. Asimismo, una persona puede pensar que un síntoma más específico, como una masa en un seno, es probablemente un quiste que desaparecerá por sí solo. No obstante, ninguno de estos síntomas se debe pasar por alto, especialmente si los síntomas están empeorando o han estado presentes durante un periodo extenso, varias semanas, por ejemplo.

Muy probablemente, cualquier síntoma que pueda tener no sea a causa del cáncer, pero es importante que sean revisados por su médico, sólo por si acaso. Si el cáncer no es la causa, su médico puede ayudar en determinar cuál sea la causa y tratarla de ser necesario.